Mis esfuerzos para educar a mi hija de 6 años al igual que mi paciencia tienen un límite; hay ciertas circunstancias en las que a cualquiera se le sale el apellido, y a mí se me sale constantemente el segundo: el Arango, el del mal genio y la desesperación. Pero hay ciertas técnicas que han funcionado, y a manera de madre desesperada, he decidido compartirlas solidarizándome con otras madres desesperadas a quienes pueden serles útiles.